Crema de guisantes verdes con Jamón Ibérico

¿Sabes hacer una crema de guisantes verdes con crujiente ibérico?

¿Sabes hacer una crema de guisantes con crujiente ibérico de jamón? Son cremas o sopas frías o templadas que se sirven como entrantes o primer plato…

Hoy vengo con una receta estupenda para un aperitivo, en la que quedarás como una reina como entrante para una cena entre amigos, familia o incluso como un primer plato para una comida formal. Una crema de guisantes con crujiente de ibérico que sorprende en un efecto Wow, que tanto en sabor como en su presentación; por ser muy vistosa y colorida será un éxito total.

Esta crema de guisantes verdes con crujiente ibérico, la probé en un evento en Madrid, que es otra manera diferente de tomar una crema suave y con una textura muy buena, digno de un Masterchef.

Se sirvió en vasito de chupito, en aquella oportunidad. Pero también, en una cena de amigos a la que asistí, hizo esta crema de guisantes verdes con crujiente ibérico, pero servido  en un plato hondo para sopa.

Pasa que si lo observas a primera vista este plato, te entra por los ojos por el verde llamativo de los guisantes y el rojizo del jamón.

Esta se caracteriza por su sabor suave, que en la boca contrasta con el intenso aroma y el sabor del ibérico y del crujiente del jamón, lo que le da un toque especial, con un juego de texturas muy agradable.

La verdad, es una opción fácil, económica y gustosa, para dejar algo preparado y de forma rápida y sencilla. Estoy segura que cuando lo preparen, les gustará mucho.

Como ya saben, me gusta mucho buscar el origen de los platos, su historia, o quién la ha inventado o si es receta familiar y los por qué de todos ellos.

En este caso, me gustaría darles a conocer algo que he descubierto, y que me ha dejado con la boca abierta.

Un poco de historia

¿Saben ustedes lo que supuso el descubrir la primera sopa para el hombre? Bien, en el Paleolítico, por primera vez, tuvieron la idea de poner los alimentos de los que disponían como las verduras, carnes, hortalizas, etc. dentro del agua, para luego calentarlo y hervirlos, descubriendo así, una nueva forma de consumir los mismos ingredientes pero en agua.

No quedó ahí la cosa, así que, fue como un simple cambio en la manera de cocinar, lo que significó un gran hallazgo para la humanidad hasta el día de hoy.

En ese momento empezaron una serie de cambios en las artes culinarias, desde un desarrollo significativo de la capacidad craneal, debido a que la masticación no era tan forzada y las mandíbulas dejaron espacio en el cerebro, hasta unas mejores esperanzas de vida para los niños que dejaban de ser amamantados antes y así, los mayores no tenían un desgaste tan elevado en su mandíbula, por lo que podían seguir consumiendo alimentos aunque no tuviesen dentadura.

El guisante (Pisum sativum) se viene cultivando desde el Neolítico, luego pasando por todas las eras, porque son tan nutritivos que permitieron junto con cereales y otras leguminosas como las lentejas, que los pueblos nómadas se hicieran en cierta manera sedentarios.

De Oriente Próximo llegaron las especies cultivadas; por la cuenca mediterránea se habían ido extendiendo las silvestres. En la Edad Media el guisante seguía siendo un recurso general, se recolectaba maduro y se guardaba seco, para comerlo en purés y potajes.

Esta comida, que daba fuerza y energía, como el pan completo, se enriquecía a veces con carne o con tocino. A la puerta de los conventos se repartía “la pitanza”, un puré de guisantes para los pobres y desvalidos.

Mientras, los cortesanos y quienes querían hacer ostentación de riqueza, presumían de comer pan blanco y guisos complicados y dificultosos. La princesa italiana Catalina de Médici (1519-1589) para contentar a su esposo Enrique II de Francia puso de moda comer los guisantes frescos, mucho más agradables al paladar.

También se importaron de Holanda variedades de las que “se comía todo”, vaina y grano, los mangetout o bisaltos.

Un siglo más tarde Luis XIV, apodado “el rey Sol”, llevaría la ostentación al límite. Su pan era blanquísimo y a pesar de que le producían flatulencias, adoraba comer guisantes en todos los platos; sus hortelanos se peleaban por dárselos cada vez más tempranos, más forzados, cultivados en cama caliente con estiércol de caballo.Interesante, ¿verdad, no?

Otro dato interesante del los guisantes: No podemos curarnos sólo con la dieta, pero la nutrición está descubriendo datos clarificadores en estos momentos. Comer guisantes frescos, puede iniciarnos en una cocina consciente, para alimentarnos con una finalidad, con gratitud, con alimentos bien cultivados, con toda su vitalidad, lejos de la batería de alimentos desvitalizados desde su origen. Comer en su punto esta rica leguminosa, que cuida de la tierra puede cambiarnos. Por lo pronto, exige implicarse, cultivarlos o estar cerca de quien los cultiva.

En esta vía, varios investigadores, concluyen que los alimentos procedentes de agricultura ecológica o natural y especialmente de la biodinámica favorecen la salud y la fertilidad, pero no se admitirá mientras los análisis sigan siendo puramente cuantitativos.

La comida desvitalizada, afecta también al estado de ánimo: las calorías vacías como el omnipresente azúcar, mantienen a esta sociedad en una perpetua bulimia física y emocional.

Nunca antes hubo tantos obesos y a la vez tantos estados carenciales, especialmente entre los jóvenes y adultos.

Vayamos a la receta sin más preámbulos:

Crema de guisantes con crujiente ibérico de jamón

Ingredientes

  • 180 grs de guisantes cocidos o dos latas grandes de guisantes
  • Una rama de apio (15 grs)
  • 100 ml. de agua
  • Sal Marina
  • Pimienta negra
  • Aceite de oliva virgen
  • Jamón ibérico

Preparación

  1. Cortas unas tiras de jamón ibérico y las pones sobre un papel vegetal.
  2. Pones otro papel para cubrir el jamón, y sobre él una fuente apta para microondas que haga presión.
  3. Cocinas en el microondas durante 1 ó 2 minutos a temperatura máxima, vigilando para que no se queme.
  4. Retiras y dejas enfriar.
  5. Por otro lado, colocas los guisantes cocidos en el vaso de la batidora o procesadora de alimentos, el apio limpio y el agua.
  6. Trituras hasta obtener una crema densa y homogénea.
  7. Salpimentas a gusto.
  8. Pasas la mezcla por un colador para dejarla más fina.
  9. Luego la refrigeras durante 30-45 minutos.
  10. En el momento de servir, lo regas con un hilo de aceite de oliva y lo podes repartir en 6 vasos de chupito o si preferís ponerlo en un plato hondo para sopa, será tu elección.
  11. Decoras con el crujiente de ibérico de jamón y servís frío o templada.

Conclusión

Como verás, es super sencilla la receta, fácil de hacer porque te llevará unos 30 minutos para prepararla y además es muy económica.

Pero te adelanto, que la presentación es todo cuando sirves en la mesa, pues los comensales comen primero por los ojos y luego por la boca y estómago.

Si deseas más recetas como estas, solo escribe en comentarios o privadamente a: lasrecetasdeviviana@gmail.com

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